Creyente de que a las tradiciones no hay que traicionarlas, Atlético pasó por San Juan, se hizo de un gran 2 a 0 favorable y regresó a casa con las botellas de champán frapé y listas para descorcharse en un brindis de fin de año perfecto. Ideal, porque este equipo terminó de ratificar una gran levantada luego de que Juan Manuel Llop tomara las riendas de un plantel arruinado en su momento.
De haber sido una ruina caminante a convertirse en un plantel creador de sueños posibles, el "decano" asimiló al pie de la letra una transición de fútbol, garra e inteligencia colectiva. Esa es la verdadera fórmula triunfante de este grupo que anoche volvió a hacer de las suyas apelando a su mejor versión. Hizo del quite su Padre Nuestro y de la sentencia de gol su Ave María. Atlético terminó siendo celestial. Y eso que Desamparados entró demasiado bien amparado en un ideal de ataque y asfixie en el medio, que casi le cuesta más de un susto a la visita.
Pero, como sucede últimamente, la zaga, en especial Barone e Ischuk, impidió cualquier contagio de virus negativo en sus dominios. Sacó todas, por el piso y por el aire. Las piernas del pelado y las manos de "San Lucas" estuvieron a la orden del día. Al igual que el cerebro pensante de Barrado, la picardía de "Pulguita", el trabajo sucio a destajo de Iuvalé y la racha goleadora de Longo.
Cada uno le inyectó al resto, a su tiempo, ese plus necesario para poner las cosas en su lugar. Luis Miguel cantó desde los 12 pasos. Lo merecía por la jugada previa. Encaró, pasó a dos y, cuando estaba a punto de castigar, Díaz metió la mano abajo. Penal y gol.
Después, Diego Armando buscó un tiro libre con rosca y Sebastián lo peinó para la foto. Hombre cábala y artillero, el mendocino brilla en las redes contrarias. Sobre el final, Desamparados asustó, aunque sólo eso, porque Ischuk le cortó el mambo y Atlético la ilusión de conseguir un partido que ya tenía dueño.